domingo, 24 de marzo de 2013

Roberto el maldito


En cuarto grado de primaria, todo parece color de rosa. Solo te preocupa ir a la escuela y ser aseado, lo demás es solo juegos, diversión y muchos sueños.

 
Recuerdo que todos los días ir a la primaria, para mí siempre fue emocionante. Extrañamente estaba muy interesado por aprender a diferencia de mis compañeros, mi profesor me parecía una persona muy interesante. Desde luego lo que más me interesaba era ver a Sonia, era una niña muy bonita y sobre todo amable. Creo que estaba enamorado por primera vez, Si a eso se le puede llamar enamorarse.

 
Un día, el profesor había enfermado, por supuesto no se presentó ese día. Llegamos al salón y nadie por lo menos en dos horas se percató de que no había profesor. Desde luego los malosos del grupo comenzaron a jugar y a brincar por toda el aula como animales salvajes. Me uní por un rato, pero desistí hasta que Roberto el niño más malo del salón me aventó con una tremenda patada en el trasero, obviamente fue a propósito y no siempre le caí bien. Adolorido, opté por sentarme sin hacer nada.

 
Aproveche para ojear un poco mis apuntes, pero igual era imposible concentrarme, sobre todo cuando la niña que te gusta se sienta a lado de ti y no puedes dejar de verla. Para mí todo lo que hacía era interesante, y decidí que ese momento era el mejor para saber más de ella.

 
Hola, ¿Qué haces?

Estoy iluminando

¡Que interesante!

Y tú, ¿Qué haces?

Pues nada, solo estoy viendo que haces.

 
Estoy seguro que ni remotamente esa era una conversación, pero igual era agradable.

 
Mientras yo seguía en mi interesante platica y ella seguía iluminando sus dibujos, ella intento sacarle punta a un color verde ya desgastado, al querer tomar el sacapuntas torpemente lo tiró. Yo me paré rápidamente a levantar el sacapuntas y justamente en ese momento, Roberto me bajó los pantalones hasta los zapatos para dejar al descubierto los calzoncillos color rojo tipo luchador.

 
Yo me quede sonrojado y tonto, Sonia miraba con horror  mis piernas flacas y mis ridículas trusas, reaccione casi de inmediato, subí mis pantalones, le di el sacapuntas y entre burlas y carcajadas regrese a mi asiento y solo pensaba en la vergüenza y en venganza.

 
A partir de allí, la relación con Sonia no fue la misma, pues nunca jamás pude dirigirle la palabra y por supuesto jamás pude vengarme de Roberto el maldito.


 

miércoles, 20 de marzo de 2013

La vida es dura




¿Por qué el mundo es tan injusto?, siempre he creído eso de que la gente obtiene lo que se merece, o lo que busca a lo largo de su vida, es decir si te portas mal obtendrás  malas cosas y si te portas bien obtendrás lo mejor. Pero esto no aplica a mí.

Resulta que yo pago mis impuestos (como todo buen ciudadano), nunca he robado ni un palillo de dientes, trabajo y soy responsable, me porto bien, amo a mi familia y además se los hago saber, nunca me cruzo un semáforo en rojo, no soy hipócrita, creo que soy un caballero y siempre ayudo cuando se me necesita.
La vida me ha dejado buenos momentos y otros muy malos, reconozco que no soy monedita de oro, pero acaso ¿estoy destinado a fracasar? Actualmente vivo solo en un cuarto, casi no veo a mi hijo, por supuesto mi vieja me dejo, estoy endeudado, tengo empleo y parece que me correrán, tengo una novia y sospecho que me es infiel.

Afortunadamente nada está perdido, tengo buenos amigos, una mascota muy interesante que me quiere, una familia que me busca y apapacha, y sobre todo un hijo fenomenal, por el cual lucho todos los días.
La vida si es dura, pero sé que tarde o temprano la felicidad llegará para quedarse y seguir luchando para que se quede toda la vida.

Mi escrito es un poco de autorreflexión, por interés por mi persona, la cual he descuidado tanto. Finalmente creo que mi empleo no esta tan perdido y que puedo conseguir otra novia más bonita y más amable. Lo que me llena todos los días es saber que puedo ser una persona plena y que puedo recuperar la felicidad y la sonrisa que a todo mundo le dibujaba. 

Ser trasparente para todos no es una cuestión que me enorgullece, pero sin embargo lo tendré que cambiar para fortalecer todas mi relaciones laborales, y sociales y poder alcanzar la punta del monte en cuestión de vida.

Esto no es club de los optimistas, pero de vez en cuando hay que ser auto crítico. Recuerda que en la vida estarás bien o mal acompañado, pero el único que se preocupará por ti más que nadie eres tú mismo.

No me queda más que desearme la mejor de las suertes y el mejor de los caminos, siempre tendré en mi mente que todas las decisiones por más pequeñas que sean son tan importantes como las complejas e importantes.

lunes, 11 de marzo de 2013

El Coco de Zumpango



Cuando era niño, mi madre siempre usaba al Coco como amenaza para mandarme a dormir. Sinceramente, debo confesar que dichas amenazas me causaron mucho pavor por mucho tiempo.
Recuerdo que cuando estaba en la cama y las luces se apagaban, podía jurar que siempre veía la sombra del Coco, reflejada por la luz de un viejo farol que entraba por la ventana. Al mismo tiempo me tapaba con las cobijas para protegerme de un posible ataque, y allí me quedaba tapado todo el tiempo hasta que el sueño me dejaba inconsciente de mis miedos.

Cada noche, la idea de que el Coco me tragara me embargo por meses. Paso más tiempo y cada amenaza de mi madre perdía fuerza, pareciera que mis cobijas eran repelentes del Coco y yo me sentía más seguro.
Mucho tiempo después, en mi adolescencia, las historias del Coco y el miedo que yo sentía por el horrible animal desaparecieron por completo. Ya no me tapaba con cobijas y podía dormir cómodo sin tener que enroscarme temiendo ser atacado, secuestrado o comido por el dueño de mis miedos.
Por las mismas fechas, mis amigos y yo viajamos al Lago de Zumpango. El objetivo era estar todo el domingo encallados a la orilla del lago bebiendo cerveza hasta perder el conocimiento por lo menos eso esperaba yo.

Ya instalados en el lugar, y con unos tragos encima, apareció la representación del Coco según mi imaginación de hacía años. Allí estaba, era moreno, nariz larga y ancha, boca enorme, voz muy grave, cabello largo, gordo y muy bajito. 

No sé si estaba muy borracho, pero si lo suficientemente consiente para distinguir entre la realidad y la fantasía, me pellizque y supe que estaba despierto, de repente comencé a sentir mucho miedo. Sabía que no venía por mí y que todo era una casualidad, pero yo seguía sintiendo terror.

Me dio tanto miedo que la borrachera se me bajó tanto trabajo que me había costado ya no pude estar tranquilo, el seguía allí disfrutando del sol y de lo que parecía ser su familia, en verdad era muy feo y presentía que en cualquier descuido me raptaría, después de unas horas de observarlo se levantó y se marchó. Todo regresó a la normalidad, recuperé la conciencia y seguí tomando para perderla de nuevo.
Aun así desde ese día vivo con la incertidumbre de volverlo a encontrar o de que vuelva a visitarme por las noches para espantarme, no duermo tranquilo y aunque ya no me tapo con mis cobijas escucho ruidos, y veo sombras que van y vienen.

Desde ese día ya nada es normal, desde el día que conocí al Coco, el Coco de Zumpango.

lunes, 4 de marzo de 2013

Estoy arto





Actualmente a las personas les gusta exhibirse en páginas de redes sociales; los niños, jóvenes, adultos y hasta los ancianos se unen a esta moda de estar conectados a la red todo el tiempo.

 

No dudo que la tecnología acorte las distancias con la gente que vive lejos, pero si ha alejado a las personas que están cerca.

 

Definitivamente la tecnología es muy importante, pero te has preguntado ¿Qué será de las relaciones humanas si el avance tecnológico sigue tan acelerado?, Yo siempre me hago la misma pregunta y no dudo que habrá muchos beneficios respecto a salud, economía y educación. Simplemente me preocupa que la gente no tenga la madurez necesaria para hacer uso de herramientas que supuestamente facilitan la existencia.

 

Actualmente no tengo celular, llevo tres años sin un aparato, lo dejé porque me provocó muchos problemas, la compañía telefónica nunca fue transparente con las tarifas, la gente te encuentra cuando no quieres ser encontrado y mientras compras el último modelo ya salió otro con mejores características y lo peor: muy caros.

 

Tampoco uso Facebook, me incomoda que gente extraña pueda leer quien soy o de donde soy, eso de estar pendiente por los mensajes no es lo mío y mucho menos que se enteren que comí, a donde viaje o que marca de calzoncillos uso.

 

Mis padres, amigos y especialmente mi novia me han exigido comprar un celular, les preocupa no encontrarme en caso de una emergencia o cuando desaparezco por irme de parranda un par de días.

 

No estoy en contra del mundo ni de la moda, simplemente estoy harto de ver cómo la gente que me rodea se comporta de manera incorrecta. No puede ser posible que en medio de una plática que puede ser interesante se interrumpa para contestar un mensaje de algo o alguien.

 

Estoy convencido que no compraré un celular ni me uniré a una red social, si quiero decirle a mi novia que la amo lo haré de frente, si quiero darle una carta de amor, la escribiré y se la llevaré personalmente.

 

No quiero decir que no uso nada tecnológico, tengo correo electrónico, en casa siempre hay un teléfono telefónico fijo al que cualquiera puede marcar solo para cuestiones de trabajo y de una verdadera emergencia. 

Yo simplemente quiero transmitir que la tecnología es buena y todos nos beneficiamos de eso, lo malo es que la gran mayoría de las personas hace mal uso de ellas.