lunes, 25 de febrero de 2013

Omar contra la pared






Omar y yo éramos compañeros de trabajo y vivíamos en el mismo departamento. Debo mencionar que también somos muy buenos amigos.
 
Como todos los fines de semana, Omar visitaba a su familia que vive al otro lado de la ciudad, y aprovechaba el viaje para lavar sus garras y por supuesto convivir con su familia.
 

Él, como todos los lunes, se dirigía de su casa al trabajo cargando en su maleta ropa, accesorios, videojuegos y una costosa iPad que acababa de comprar a meses sin intereses en una tienda de prestigio.
 
Después de la jornada él y yo caminamos hasta el estacionamiento para retirarnos. Era lunes por la noche y todo parecía muy tranquilo. El protocolo de salida de la empresa dictaba: registrar la salida con el pulgar, salir acompañado, tocar el timbre del estacionamiento, entrar, prender el coche y salir rápidamente.

Como siempre Omar y yo salimos con todas las precauciones. Tocamos el timbre tres veces y el poli nunca abrió. Resulta que no había poli, que justo ese día no llegó por cuestiones personales. De pronto unos individuos,  unos hijos de perra a mi parecer, se nos acercaron y cortando cartucho, nos amedrentaron ¡a ver, cabrones, aflojen o se los carga la chingada! Nos despojaron de nuestras pertenencias. Los bandidos simplemente huyeron y allí nos quedamos con cara de tontos.
 
Estábamos asustados, atónitos y encabronados. Con mucho miedo regresamos al edificio y  esperamos a la empresa de seguridad. Mientras esperábamos yo contaba lo sucedido a algunos compañeros de trabajo.
 

Omar sin duda era el más afectado. Yo solo veía como hacia su berrinche. Casi lloraba. Azotaba sus manos contra la pared, gritaba toda clase de insultos inventados; algunos intentaron tranquilizarlo, pero parecía que estaba en un estado de shock irremediable.
 

Todo indicaba que él tenía un fuerte apego por lo material más que por cualquier otra cosa, A causa de esto, Omar —al día siguiente— propuso al departamento de Recursos Humanos y de Administración tirar un cacho de la pared que conecta con el  estacionamiento; así evitaríamos ese tipo de atracos.

Al recordar cómo se azotaba contra la pared, me hizo suponer que Omar quería ahorrarle una buena cantidad de dinero a la empresa, pues parecía que verdaderamente quería derrumbar un trozo de muro con el berrinche.

No hay comentarios:

Publicar un comentario