Omar y yo éramos compañeros de trabajo y vivíamos en el
mismo departamento.
Debo mencionar que también somos muy buenos amigos.
Como todos los fines de semana, Omar visitaba a su familia que vive al
otro lado de la ciudad, y aprovechaba el viaje para lavar sus garras y por
supuesto convivir con su familia.Él, como todos los lunes, se dirigía de su casa al trabajo cargando en su maleta ropa, accesorios, videojuegos y una costosa iPad que acababa de comprar a meses sin intereses en una tienda de prestigio.
Después de la jornada él y yo caminamos hasta el estacionamiento para retirarnos. Era lunes por la noche y todo parecía muy tranquilo. El protocolo de salida de la empresa dictaba: registrar la salida con el pulgar, salir acompañado, tocar el timbre del estacionamiento, entrar, prender el coche y salir rápidamente.
Como siempre Omar y yo salimos con todas las precauciones. Tocamos el
timbre tres veces y el poli nunca abrió. Resulta que no había poli, que
justo ese día no llegó por cuestiones personales. De pronto unos
individuos, unos hijos de perra a mi parecer, se nos acercaron y cortando cartucho,
nos amedrentaron ¡a ver, cabrones, aflojen o se los carga la
chingada! Nos despojaron de nuestras pertenencias. Los bandidos simplemente
huyeron y allí nos quedamos con cara de tontos.
Estábamos asustados, atónitos y encabronados. Con mucho miedo regresamos
al edificio y esperamos a la empresa de
seguridad. Mientras esperábamos yo contaba lo sucedido a algunos compañeros de
trabajo.Omar sin duda era el más afectado. Yo solo veía como hacia su berrinche. Casi lloraba. Azotaba sus manos contra la pared, gritaba toda clase de insultos inventados; algunos intentaron tranquilizarlo, pero parecía que estaba en un estado de shock irremediable.
Todo indicaba que él tenía un fuerte apego por lo material más que por cualquier otra cosa, A causa de esto, Omar —al día siguiente— propuso al departamento de Recursos Humanos y de Administración tirar un cacho de la pared que conecta con el estacionamiento; así evitaríamos ese tipo de atracos.
Al recordar cómo se
azotaba contra la pared, me hizo suponer que Omar quería ahorrarle una buena
cantidad de dinero a la empresa, pues parecía que verdaderamente quería
derrumbar un trozo de muro con el berrinche.
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